martes, febrero 28, 2006

No tengas miedo

Tanta belleza: cuánto crees que te durará?

El tiempo... algo que inventamos para complicarnos la vida. Ese algo que solemos utilizar para creer que nuestras heridas desaparecerán solas, o a lo que nos aferramos cuando no tenemos nada.

Una vez leí que el tiempo no es más que el espacio que hay entre nuestros recuerdos. Como sería de esperar, aunque resulte una broma pesada del destino, lo dijo un dramaturgo suizo. Porque no cabe duda que es un invento que hacemos las personas: una reinterpretación.


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Te miro, y no puedo apartar mi mirada de ti: eres tan bella. Pero me confundes; haces que no pueda pensar con claridad.

Sabes que te necesito, que no sé vivir sin ti. Sabes que eres una constante en mi vida; que la has marcado desde que te conozco. Sabes, o deberías saber, que tengo muy en cuenta tus consejos: los valoro mucho. Pero a veces, sólo a veces, me hundes en la tristeza. Me haces sentir insignificante. Sé que no es culpa tuya, o quizás te necesito tanto que te excuso ante mi mismo.

Siempre estás recordándome lo que debería haber hecho, lo que no he sido capaz de alcanzar aún. No paras nunca de hablarme de situaciones que ya no puedo cambiar; de personas que salieron de mi vida, de cosas que no llegué a ser. No existe la máquina del tiempo (gracias), por lo que no puedo reinventar mi pasado. Para qué entonces me martirizas con cosas que escapan a mi alcance? Qué sentido tiene para ti? Dímelo, si me quieres aunque sea un poco... sólo lo necesario para no hacerme llorar.

Por qué te empeñas una y otra vez en decirme que estoy perdiendo el tiempo? Necesito aire, y no me lo das. No puedo respirar y llorar a la misma vez; lo siento, soy muy simple.

Quisiera que me quisieras. Me gustaría que me quisieras. Me gustaría gustarte.Pero estas cosas no las decidimos las personas. Como todas las cosas bellas de la vida, surgen sin que podamos controlarlas. Seguro que más de uno intenta incluso controlar eso...

No te pido que sientas por mi lo mismo que yo por ti. Sólo te pido tiempo.

Tiempo. Te estoy pidiendo desesperadamente, a gritos, que dejes de recordarme que ha pasado otro día y que sigo aquí, así, igual. Deja ya de echarme cosas en cara. Permíteme vivir. Acaso estoy pidiendo las estrellas? Parece que sí. Que difícil me pones las cosas a veces!!! Últimamente, hemos discutido mucho. Tú hablas, y yo me he estado escondiendo dentro de mi mismo, para no escucharte. Por qué tienes que hablar de lo mismo una y otra vez? No te cansas nunca? Nunca? Yo sólo quiero vivir el momento que tengo en mis manos; el ahora... mi ahora.

No te quiero: ya no. Hace tiempo, horas, que dejé de quererte. Pero no puedo vivir sin tus palabras. Trato de no escuchar los reproches que me haces. Intento centrarme en lo bueno que me das; porque sí que me das muchas cosas.

No dejas nunca, nunca, de decirme: ahora, no te lo pienses, claro que puedes, no esperes más, confío en ti, vamos, ánimo, no tengas miedo... no dejas de decírmelo cada segundo de mi vida, y es por eso que te llevo siempre, casi siempre, conmigo. A veces me quedo mirándote (eres tan hermosa), y olvido el daño que me has hecho: sólo miro tu aguja más delgada de moverse rápidamente, y en cada paso decirme: claro que sí, no te permito que lo dudes ni un segundo...

Claro que sí...

domingo, febrero 26, 2006

Secretos de familia

Parecía una arcada, pero no lo era; era dolor.

Ese sentimiento agudo tan necesario que ninguno queremos para nosotros, y al que no solemos hacer mucho caso hasta que nos toca a nosotros mismos: en esos momentos, sí que le prestamos atención... toda la que se merece (incluso más). Es curioso como le solemos dar más importancia de la que tienen a las cosas malas que nos pasan que a las buenas. No es mi caso, pero siempre me llamó la atención este comportamiento. Quizás a veces es más fácil analizar u observar la psicología de los demás, que la propia.

Sentimiento necesario? Necesario? Es necesario sufrir? No seré yo quien responda por nadie. Sólo pienso en voz alta que a veces, sólo a veces, hasta que no lo pasas realmente "mal", no eres capaz de descifar el acertijo. Algunos son muy difíciles y otros no lo son tanto como nos creemos, pero la mayoría de ellos llegan a tener algo en común, cuando no logramos resolverlos: pasan de entretenernos a agobiarnos, y luego, por último, perdemos todo el interés que teníamos en descifrarlos.

Ahora no tengo esa expresión en mi cara, ahora ni si quiera me importa saber cual era la solución a mi acertijo, suponiendo que la tuviera, o que alguna vez fuese un verdadero acertijo. Y es que no todo en la vida tiene que terminar, pero si es cierto que todo tiene un límite.

Esa no es mi cara: no la reconozco. La recuerdo, pero vagamente. Empiezo a vivir para mi mismo. Vuelvo a despertarme sonriendo.

Hace poco, y gracias a los descubrimientos que nos depara el destino, volví a coger un libro y a abrir la primera página. Cual fue mi sorpresa cuando me encontré con "esto":

"Suponiendo que tengamos fuerzas suficientes, el amor es interminable". De vuelta a casa, Jim Harrison. Es la frase que aparece al comienzo de Secretos de familia de Julia Glass. No creo que deba decir nada más; es simplemente (no creo que sea tan simple) cuestión de que cada uno encuentre (no que busque) a quien se merezca el esfuerzo. Claro que, si se merece el esfuerzo, éste no es tal, todo lo contrario.

Este capítulo da entrada a lo que es mi vida hoy, en este instante. Porque mirar al pasado sólo sirve para perder tiempo en no mirar lo que tienes delante ahora. Por favor, que nadie me diga que debería recapacitar sobre los errores cometidos. Lo que aquí escribo hoy, servirá como punto de partida de más capítulos, de libros distintos, de historias diferentes, de mi nuevo yo: del que invento para mi, cada día, desde hace poco tiempo.

Mi vida, mi momento, mi instante, sobre lo que sí quiero recapacitar, es consecuencia de mi pasado, pero también viene marcado por el destino y las cosas que me depara éste. No pienso detenerme a analizar lo que hice, ni a esperar lo que vendrá, porque una cosa no me sirve ya casi de nada, y la otra sé que pasará... me encantan las sorpresas.

Es tarde, para escribir, y muy buen momento para soñar. Siempre es buen momento, cuando tus sueños son preciosos. Porque sólo necesito cerrar los ojos, y ellos vendrán a mi; o yo iré a donde esté ella.

Porque las cosas más bonitas que te regala la vida, vienen sin avisar (quizás por eso sean más especiales aún). Vienen cuando ni las buscas, ni las esperas: por eso son como descubrimientos.