domingo, abril 23, 2006

LONDON - Royal Academy of Arts (2004/08/28)

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MALAGA - El Balneario (2006/03/12)

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OSLO - The sky (2005/08/17)

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LONDON - St. James´s Park (2006/04/14)

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Piezas

Siempre pensé que mi vida estaba "controlada": que era un simple juego en el que todo encajaba como si fuesen piezas. Incluso tenía huecos preparados para piezas que sabía, o tenía la esperanza, que llegarían.

Nunca me gustó que todo tuviese su sitio, que pasaran los días sin poder diferenciar unos de otros (como me pasa a veces con piezas que me van regalando), pero así era: una "vida" planificada, un juego con piezas limitadas, en la que no debería de haber habido demasiadas sorpresas. A veces, la sorpresa ha sido intentar hacer que encajara algo que no lo haría... que ni si quiera se merecía el instante de cogerla con 2 dedos y observarla pensando donde podría ir.

Ahora te tengo a ti. Todavía no sé que eres. Eres tan diferente a cuanto he sostenido entre mis dedos pulgar e índice.

Te observo una y otra vez y me es difícil apartar la mirada de ti.

Si tan sólo pudiese cerrar los ojos un segundo para pensar que eres... pero no puedo, porque un segundo en el que no te mire, se me hace tan largo como una vida...

...una vida que no quiero vivir.

Pasando el tiempo



HORIZONTALES
5. Hallazgo, encuentro, manifestación de lo que estaba oculto o secreto o era desconocido.
7. Sucesión de sonidos modulados para recrear el oído.
8. Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato.
12. Que hace muy viva y grata impresión en el alma o en los sentidos. Persona muy agradable.
13. Movimiento afectivo hacia algo que se apetece.
14. Movimiento de la boca y otras partes del rostro, que demuestra alegría.
16. Color.
17. Masa de agua salada que cubre la mayor parte de la superficie de la Tierra.
18. Sinónimo de hermoso.
19. Lo contrario de odio.
20. Líquido coloreado que se emplea para escribir o dibujar, mediante un instrumento apropiado.


VERTICALES
1. Papel escrito, y ordinariamente cerrado, que una persona envía a otra para comunicarse con ella.
2. Acto de representarse en la fantasía de alguien, mientras duerme, sucesos o imágenes.
3. Cilindro o prisma de cera, sebo, estearina, esperma de ballena u otra materia crasa, con pabilo en el eje para que pueda encenderse y dar luz.
4. Dar a alguien, sin recibir nada a cambio, algo en muestra de afecto o consideración o por otro motivo.
6. Esfera aparente azul y diáfana que rodea la Tierra.
9. Fuerza o actividad interna sustancial, mediante la que obra el ser que la posee.
10. Encanto, hechizo o atractivo de alguien o algo.
11. Singular o particular, que se diferencia de lo común o general.
15. Esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo.

martes, abril 18, 2006

Always there



Such a good feeling
That's where I wanna be (Yeah)
Locked in your prison
Of total extacy (All right, all right)
You're so strong and you're so together (Baby)
Next you there is nothing better

Chorus:
Always there (To please you)
Always there (When I need you)
Always there (To love you)
Always there (Thinkin' of you)

And if you wanna
If you wanna do it too
There's nothing better than being here with you
'Cause your love is a precious treasure (Baby)
Only you can bring me joy and pleasure

Chorus

Always there
Always there (Yeah, yeah, yeah, yeah)
Always there
Always there (Yeah, yeah, yeah, yeah)

Always there
Gotta be there baby

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domingo, abril 09, 2006

Alguien especial

Diferente.

(Del lat. diffĕrens, -entis).

1. adj. Diverso, distinto.

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Especial.

(Del lat. speciālis).

1. adj. Singular o particular, que se diferencia de lo común o general.

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Todas las personas somos diferentes unas de otras: no hay dos iguales en el mundo. A veces 2 personas coinciden en muchas cosas, pero siguen siendo distintas.

A veces en la vida, algunos tenemos la suerte de descubrir a "alguien".

Alguien que nos hace soñar. Alguien que nos llena de magia. Alguien que le da color a nuestras vidas. Alguien por quien vivir y sentirse vivo. Alguien... que nos hace sentir que quizás la vida sea lo suficientemente bonita para sonreír a cada instante (cada vez que piensas en esa persona).

Si esa persona fuese sólo diferente, que lo es del resto como cada uno, entonces todo el mundo me haría sentir lo mismo.

Si tú eres diferente, como cada persona que habita el planeta, por qué es en ti en quien pienso al abrir los ojos y no en otra de las muchas personas diferentes que pasan a diario por mi vida?

Sabes la respuesta?

La sonrisa de Victoria

Desde pequeña, desde que recuerdo tener uso de razón, siempre soñé con dedicarme a ayudar a los demás. Ya desde los 7 años, me ocupaba de cuidar a todos los animalitos heridos que me iba encontrando camino de la escuela: los adoptaba. Quería sentirme útil, y me sentía bien conmigo misma al saber que le hacía bien o que ayudaba a mejorar a un ser vivo.

Lo que nunca imaginé es que las personas desean, deseamos, lo mismo que todos esos gatitos y perritos que cuidé de niña: necesitamos a gente que se preocupe por nosotros... claro, que los animalitos de mi infancia no tenían sentimientos.

Ese día debería haber sido un día normal, otro más. No tenía por que haber sido especial. Quizás las cosas fuera de lo cotidiano no ocurran avisando con una carta de cuando pasarán, pero me hubiese gustado que al menos ese día hubiera mandado un email el destino avisándome de que quizás debería estar sobre aviso.

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Eran las 5 de la tarde cuando llamaron a la puerta. No me sorprendí pues la esperaba, ya que un día antes le había dado cita debido a la urgencia que me transmitió durante nuestro minuto de conversación telefónica.

Dejé la radiografía que tenía en la mano dentro del historial clínico. Me levanté de mi silla y abrí la puerta del despacho. Más preocupada que nerviosa, recorrí el pasillo que me conducía hacia la puerta de entrada de la consulta. Por una vez desde hacía 4 años que estaba instalada allí, no miré ni una sola de mis fotos enmarcadas que colgaban de las paredes. Miraba hacia el final de aquel túnel que me llevaría hasta ella.

Abrí la puerta sin preguntar si quiera quien había llamado, porque no podía ser otra persona.

Sus ojos... Era lo primero en que me fijé, y preferí no haberlo hecho, pues nunca unos ojos tan bonitos habían estado tan asustados. Aparté la mirada, como queriendo pensar que eran imaginaciones mías, pero los problemas no se iban con mirar hacia otro sitio (eso lo aprendí con todos aquellos animalitos y sus patitas partidas y demás males).

Abrí la puerta y antes que me diese tiempo a saludarla, pasó a mi lado y se dirigió por el pasillo hacia mi despacho. Después de varios años nos conocíamos bien, por lo que no le di importancia; sólo la importancia que se merecía... le pasaba algo, evidentemente.

La seguí, pero a menor velocidad, y entré en el despacho. Ella se había tumbado en el diván de terciopelo verde, donde siempre lo hacía. Pasé junto a ella y le sonreí, como queriendo transmitirle que no estaba sola; me respondió devolviéndome la sonrisa (sincera, pero asustada y nerviosa). Me senté en mi sillón, detrás de mi mesa y decidí que quizás sería mejor que fuese ella quien empezase a hablar. No pasaría más de un minuto antes que mi teoría tuviese un éxito rotundo, pero aquel minuto pareció infinitamente más largo.

Victoria cerró los ojos, y con voz segura, pero con un tono más agudo que el normal en ella, dijo en voz alta, como si no hubiera nadie en la habitación y sólo expresase sus pensamientos más íntimos en voz alta: por qué?

Vi como apartaba las gafas de su rostro, sin abrir los ojos, y las dejaba a su lado. Por la cara se deslizaban lágrimas que no intentaba ni disimular ni secar.

Aquella pequeña frase era todo un libro resumido en dos palabras. Era todo un libro para mí, que la semana pasada le di mi diagnóstico. En una semana no lo había asimilado aún; cada persona se tomaba un tiempo distinto, desde un segundo hasta varios meses (no había tiempo medio).

Dejé que pasasen 5 minutos al menos antes de hablar con ella. Pensaba que dejarían de correr lágrimas por su rostro, pero me equivoqué en eso. Imaginaba que no quería que le volviese a explicar por qué a ella, simplemente necesitaba a alguien en quien apoyarse, y esa persona era yo.

- Victoria, no deberías preguntarte por qué te ha pasado esto a ti una y otra vez. Psicológicamente es agotador y quizás ni si quiera encuentres respuesta.

- Lo sé, pero no lo entiendo. No entiendo por qué a mí... A veces estoy enfadada porque nadie me ha avisado, y otras tengo miedo. Si supieras cuanto miedo tengo.

- Mira, ojala pudiera decirte unas palabras mágicas y que todo esto se solucionase, pero no es posible. No es el fin del mundo, ni es el fin de tu mundo... para nada.

- No sé que pensar... Últimamente me encuentro muy dispersa, no logro centrarme en nada desde que vine a verte a la consulta la semana pasada.

El caso de Victoria parecía que era de los que no tardaría precisamente un segundo en asimilarlo.

- Es lógico, al principio. Todavía tu mente no lo ha querido aceptar.

Se hizo un silencio. La hermosa cara de Victoria estaba ya libre de lágrimas. Sólo quedaban los rastros de pequeñas perlas transparentes y diminutas alrededor de sus ojos cerrados.

Victoria seguía sin moverse del diván, tumbada hacia arriba, con los ojos cerrados. Al observarla con detenimiento descubrí que jugaba con algo entre las manos; debía de ser algo pequeño, pues no logré adivinar que era ya que sus manos lo cubrían.

- Sabes, no entiendo como ha ocurrido esto. Siempre he tomado precauciones: soy una persona responsable en ese sentido. Ni si quiera he tenido muchos amantes. Nunca me pasó nada con ninguno de ellos. Sabes lo que quiero decirte, verdad? He tomado mis precauciones, siempre. Siempre eres consciente de que esto te puede pasar, pero no sé... pensé que tomando todo tipo de medidas, sería casi imposible, por no decir totalmente imposible, que me ocurriera a mi. Esto no es como un embarazo no deseado: es algo que llevaré siempre conmigo... algo que va a marcar el resto de mi vida. En qué me equivoqué? Cuando me equivoqué? Cómo he permitido que me pase?

Intentar adivinar el cuando era el primer paso. Luego venían el "vale, y ahora qué" y por último el "quiero seguir viviendo". Algunas personas se saltaban alguno de los tres pasos básicos; incluso algunos hacían locuras.

- Victoria, no creo que dedicar tu tiempo a buscar una fecha tenga mucho sentido.

- Llevas razón, debo aprovechar el tiempo que me queda. Ni si quiera sé el tiempo que me queda.

En una frase, se saltó el paso segundo y comenzó directamente con el tercero. Claro, que eso no significaba que no pudiese pasar ahora al segundo, o incluso volver al primero.

- Tienes toda una vida por delante, eres muy joven aún. Tienes 34 años, y cuidándote y llevando una vida sana, vivirás muchísimos años. Tendrás una buena calidad de vida.

- De veras lo crees? [por favor, necesito escuchar que sí; miénteme si es preciso].

- No es que lo crea, es que será así. Tienes que aprender a vivir con ello. Es normal que estés asustada, debes poco a poco empezar a vivir, a aprovechar cada segundo.

Victoria abrió los ojos y miró al techo por un instante. Acercó su mano derecha hacia su rostro, y tanto ella como yo pudimos contemplar el objeto con el que había estado jugando: era un anillo plateado. Desde mi posición era difícil concretar más, pero si podía notar como brillaba, como resplandecía... tanto como sus ojos. Ella lo apartó y siguió jugando con él: pasándolo de una mano a otra, sintiéndolo, acariciándolo.

- A veces siento que me queda muy poco tiempo, y quiero vivir cada instante. Otras parece que voy a morir al instante, y necesito más tiempo para seguir viviendo. Pensarás que estoy loca, pero...

La interrumpí rápidamente, antes que siguiera por ese camino: lo conocía perfectamente, la autocompasión.

- No estás loca, ni nada por el estilo. Loca es una palabra muy fea y muy seria. Tú estás asustada, y preocupada. Entiendo que la noticia que te di la semana pasada te ha afectado, como era de esperar, lo sé.

- De veras que esto me supera. [No me esperaba algo así].

- Eres una mujer inteligente y luchadora, ni esto ni nada podrá contigo. Reacciona, sé que puedes. No te lo aconsejo, te lo exijo. Debes exigírtelo a ti misma, reacciona... YA!

La conocía lo suficiente como para saber que mis palabras no la hundirían, despertarían algo en su interior. Encenderían el fuego que llevaba dentro, ese que hacía que sus ojos emitieran tanta luz y que llevaba una semana muy bajo.

Victoria apretó con fuerza su mano derecha, como intentando que la forma del anillo se le grabase en el interior de la mano. Giró la cabeza hacia la derecha, y me miró. No aparté la mirada esta vez, y sonreí [todo está bien, esto no va a acabar contigo].

- Gracias por todo, me ayudas más de lo que te puedes imaginar.

- Es mi trabajo.

Sonreí, y le guiñé el ojo.

Sonó el teléfono y me disculpé por tener que atenderlo.

- Clínica veterinaria de la Doctora Edwing... Si, soy yo.... Claro, le recuerdo perfectamente... Procure que no se mueva mucho, enseguida voy para su establo... 1 hora, más o menos... No se preocupe, todo saldrá bien... Hasta pronto.

Victoria seguía jugando con el anillo. No me hizo falta preguntarle quien se lo había regalado.

- Cielo, tengo una urgencia, una yegua que va a ser mami. Siento tener que dejarte [de veras que lo sentía]. Quedamos para cenar mañana por la noche?

- Mañana?

Victoria se quedó pensando, como si repasase mentalmente los planes en una agenda imaginaria para mañana por la noche.

- Por qué no te traes a ese chico tan maravilloso que ha hecho que te enamores por primera vez en tu vida? - las últimas seis palabras las pronuncié espaciando más las sílabas e intentando imitar la voz de un presentador de un noticiario de televisión.

La semana pasada, cuando estaba tumbada en mi diván, mirando al techo y le dije que se había enamorado, esa vez sin intentar hacerla reír, sólo conseguí hacerla llorar con mis palabras y que guardase silencio. O quizás no fui yo quien la hiciera llorar...

Ese día, sin embargo, sonrió. Me regaló su sonrisa: esa que siempre tenía, y me hizo sentir como si fuésemos cómplices de algo prohibido y secreto. No podía imaginar a Victoria sin su sonrisa: era algo muy característico de ella.

Su sonrisa... algo hermoso que hacía más hermoso aún su rostro.

Para toda la vida

No me gusta utilizar la palabra nunca; prefiero siempre, que es mucho más ambiciosa. No me considero una persona ambiciosa, pero en términos de tiempo he tenido a alguien a mi lado (sigue conmigo) que se empeña en decirme que nada dura toda una vida, que todo es pasajero. Sigo sin querer hacerle caso. Como si de un niño pequeño se tratase, quien escribe esto se tapa los oídos muy fuertemente con las manos, y grita en voz alta: las palabras, las palabras...

Porque las palabras si son para siempre.