Tan sólo llamaron a la puerta, y yo abrí
SE BUSCA a la dueña de una carta. Está nueva a estrenar (sin leer), pues la destinataria nunca la recuperó. Tiene fecha del 5 de marzo de 2006, y en el sobre pone Deseo. Anuncio serio. Posibles candidatas, leer debajo de la línea.
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Ni si quiera quería encontrarme a nadie...
Después de alguna gran decepción (una, para ser más concreto) sólo intentaba retomar mi vida: volver a donde la dejé, y seguir desde ese punto.
Es difícil decirte a ti mismo: "vamos, olvídalo todo".
Por ese "todo" no quiero referirme a una persona, me refiero a una situación, a algo que por mucho que quieras no puedes controlar: escapa a tu poder, e incluso a tu entendimiento.
Retomar mi vida: acaso la dejé en algún punto que mereciese la pena considerar como nuevo punto de partida? Quizás en aquel momento, cuando dije me voy y no sé si volveré, no estaba seguro de si ese instante se había quedado grabado en mi interior. Después, ahora, me he dado cuenta de que la foto si me quedó bonita: que quizás empecé a observarla y me gustó, antes de ser interrumpido.
Cómo era la foto? Cómo?
Pues se veía una calle. Desde mi posición, la veía paralela a la fachada del edificio por el que yo salía, por el que nacía. Jamás se me olvidará esa imagen, no me hace falta ni si quiera mirar mi instantánea. Había mucha luz, y ésta bañaba los edificios y hacía que los colores resaltasen. No había un sol brillante, pero todo brillaba tanto... la intensidad de los colores era tan cegadora que deslumbraba: uno, yo, no podía evitar que se le saltasen las lágrimas debido al impacto de luz. Antes de empezar a caminar había que pararse por unos instantes, hasta que los ojos se acostumbraban a tanta luz, a tanta belleza. Era un sitio realmente bello? A mi me lo parecía, y era mi foto... mi recuerdo.
Lo que no se ve en la foto era aquella cafetería a la derecha en la que solía desayunar. Por qué en esa precisamente? Por su ambiente, por la gente que trabajaba allí, por la ensalada de frutas? O simplemente porque fue mi primer desayuno en aquel lugar? Las personas hacemos cosas muy curiosas a veces: pensamos que por hacer las mismas cosas, de la misma manera, que hicimos en nuestras primeras veces, volveremos a sentir la emoción de esa primera vez. Que estupidez... pero a mí me funciona.
Esa era la foto que había guardado.
Ese era mi retorno, mi salvación, mi sueño.
Empecé a recordar cada vez más detalles en mi cabeza, hasta que el 14 de febrero no pude resistirme más, y la saqué del cajón donde la tenía escondida, pero no olvidada; escondida para que no me recordase constantemente que ese era mi sueño. A veces, cuando estás ocupado, dejas de pensar en tus sueños durante unos instantes, pero es de locos creer que dejarán de estar ahí.
Ese día, sólo quería asomarme a la casa de alguien para ver como era: simple curiosidad.
Llamé a la puerta con la secreta esperanza de que no me abriera nadie: de que simplemente estuviera la puerta abierta y pudiese mirar un ratito como son las casas allí. Simple curiosidad. Ni si quiera quería encontrarme a nadie...
Mientras paseaba por el interior observaba, como cuando los niños descubren por primera vez una habitación a oscuras: era una mezcla de miedo y curiosidad. Pero cuando somos pequeños, solemos pensar que cuando enciendes la luz, todo se ve...
Es un pensamiento muy simple, pero funciona: siempre ha funcionado... Ojalá a veces pudiéramos encender la luz nada más entrar, así nos evitaríamos el dolor al golpearnos contra algún objeto o al llevarnos una decepción.
Aquello era tan hermoso. Es difícil explicar con palabras la belleza de algunas cosas.
Pregúntale a un niño cual es su sabor de helado favorito, y pídele que te diga el por qué.
No saben darte una razón, pero lo sienten. Cuando somos mayores vamos aprendiendo a dar explicaciones, a cambio de sentir de una manera menos intensa. Lo más gracioso es que llamamos a ese cambio, en el que siempre salimos perdiendo, madurar. No, no es gracioso, es muy triste.
No podría ser más hermoso. Si alguna vez hubiera soñado con el interior de la casa de mis sueños, nunca la hubiera imaginado así: los sueños, los que tenemos mientras dormimos, no estando despiertos, no suelen ser tan generosos. Aquel día no pude dormir, y sólo pensaba en lo que mis ojos habían tenido la fortuna de ver, lo que mis dedos habían tenido la suerte de tocar, lo que mi corazón había tenido el detalle de fotografiar. Me fui de la casa por ser tarde, no porque desease marcharme. Me pasé el día siguiente deseando volver a aquel lugar, y ver más de lo mucho que había por ver. Tenía tantas ganas de estar allí, de ir descubriendo lo que la chica que me abrió la puerta me quisiera enseñar.
Es bonito coger confianza con una persona: te deja sólo en su casa para que veas todo lo que te apetezca. Así me sentía yo, paseando por su interior, observando todo lo que había a mi alrededor. De vez en cuando le hacía preguntas: me interesaba mucho cada historia que tenía que contarme sobre cada foto, sobre cada recuerdo, sobre cada color.
Uno de aquellos días (hablo como si fue hace mucho, cuando no es así), antes de entrar, me fijé en el exterior de la casa. Siempre me había dirigido directamente a la puerta y había pasado (después de los primeros días, sin llamar). Siempre, menos aquel día. Ese día me retiré para observar bien la fachada, la parte exterior. Era simple curiosidad, pues con todo lo que sentía estando allí, en su interior, de poco me importaba como fuese por fuera. La casa era preciosa, acompañaba a su interior. No podía dejar de mirar sus bonitos colores, su suavidad, su luz (brillaba tanto). Recuerdo que la chica que solía estar dentro (todavía no sé su nombre) me tuvo que llamar varias veces desde la puerta para decirme si me apetecía entrar; no la escuché, estaba tan sorprendido viendo aquella belleza. Ese día, después de entrar, todo seguía estando allí, todo lo que me había enamorado, y lo seguía haciendo a cada instante, de aquella casa, y todo lo que me faltaba por descubrir; sólo que a veces, sólo a veces, también necesitaba salir al jardín lleno de flores para contemplar desde él el exterior. Era tan lindo.
Cada día, desde el 14 de febrero, entro en una habitación nueva, y vuelvo a sentir aquella ilusión infantil. Otras veces me vuelvo a pasear por sitios, por rincones, que ya había visto, pero siempre descubro algo nuevo, siempre siento que es la primera vez que descubro ese rinconcito.
Y es que cada vez que abro un cajón, salen mariposas; supongo que es por eso por lo que no puedo dejar de llorar...
